El economista marxista Richard Wolff argumenta en una extensa exposición que la tensión entre México y Estados Unidos no es un simple desacuerdo geopolítico, sino el punto de ruptura de contradicciones capitalistas profundas que podrían reconfigurar el continente.

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La relación de explotación estructural
Wolff sitúa el origen del conflicto en una relación económica basada en la explotación. Según su análisis, durante décadas el capitalismo estadounidense ha utilizado a México como fuente de tres recursos clave: mano de obra barata, materias primas subvaloradas y un mercado cautivo. Esta dinámica, lejos de ser «libre comercio», es una relación de dominación donde las corporaciones estadounidenses extraen plusvalía del trabajo mexicano sin una compensación justa.
El ejemplo de las maquiladoras es paradigmático: se establecen no para crear desarrollo, sino para pagar salarios ínfimos y eludir regulaciones. El trabajador mexicano, afirma Wolff, produce el mismo valor que su homólogo estadounidense, pero recibe solo una fracción de su salario. La diferencia, la plusvalía, enriquece a accionistas y ejecutivos.
El despertar de México y el «efecto dominó» que aterra a Washington
El giro crucial, según Wolff, es que México está comenzando a entender y desafiar esta lógica. Al cuestionar por qué vende petróleo barato para comprar gasolina cara, o por qué permite el control extranjero de sectores estratégicos, el país está planteando preguntas que son «dinamita pura» para el sistema.
Decisiones como fortalecer Pemex o declarar el litio como recurso estratégico del Estado no son, para Wolff, meros actos de nacionalismo, sino movimientos racionales basados en una comprensión de clase: los recursos naturales son riqueza colectiva y su control debe beneficiar a la sociedad, no a accionistas extranjeros.
Este despertar mexicano representa una amenaza existencial para el capitalismo estadounidense, no por sí solo, sino por el «efecto dominó» que podría desencadenar en toda América Latina. Si México demuestra que es posible priorizar el bienestar de los trabajadores sobre las ganancias corporativas, otros países podrían seguir el mismo camino.
La lucha de clases trasnacional y la solidaridad obrera
Wolff dedica una parte crucial de su análisis a desmontar lo que él llama la «falacia capitalista» que enfrenta a los trabajadores de ambos lados de la frontera. La narrativa de que «México roba empleos» es un engaño para dividir a la clase trabajadora. La verdadera causa de la deslocalización es la búsqueda corporativa de salarios más bajos y menos regulaciones.
La solución, propone, es el internacionalismo de clase: si los trabajadores estadounidenses y mexicanos se organizaran conjuntamente para demandar salarios dignos y condiciones justas en ambos países, la estrategia corporativa de arbitraje laboral colapsaría. Wolff ve señales esperanzadoras en una creciente coordinación entre organizaciones laborales binacionales.
Amenazas y alternativas concretas
El economista no elude los riesgos. Advierte que la historia de intervenciones militares estadounidenses en Latinoamérica es larga, y que la amenaza sobre México es real. Sin embargo, cree que una intervención sería cualitativamente más costosa y enfrentaría una resistencia masiva.
Frente a este panorama, Wolff no se limita a la crítica y esboza alternativas concretas para una nueva relación:
Cooperativas de trabajadores: Transformar las maquiladoras en empresas donde los trabajadores sean dueños y tomen las decisiones.
Un tratado comercial de los trabajadores: Un acuerdo que establezca salarios dignos, estándares laborales y ambientales vinculantes, y transferencia de tecnología.
Control democrático de los recursos naturales: Que la riqueza de recursos como el petróleo y el litio, bajo gestión democrática, financie educación, salud e infraestructura para toda la sociedad.
Conclusión: Un punto de inflexión histórico
Wolff concluye que el sistema capitalista neoliberal está alcanzando sus límites. México, con sus luchas internas y su búsqueda de soberanía, se encuentra en el ojo del huracán de una batalla más amplia por el futuro del capitalismo global. Su capacidad para resistir las presiones, construir alternativas y forjar alianzas fuera de la órbita estadounidense (como con los BRICS) podría convertirle en el modelo que marque el comienzo del fin de la hegemonía capitalista estadounidense en el hemisferio. El conflicto actual, por tanto, no es solo bilateral; es un capítulo decisivo en una lucha de clases proyectada a escala internacional.


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